Hacia el final de 2003 y principios de 2004, los lĂderes de China dejaron a un lado la rutina de gobernar 1.300 millones de personas para pasar un par de tardes estudiando el ascenso de grandes potencias. Y se preguntaron si la naciĂłn serĂa capaz de ocupar su lugar sin que nadie recurriera a las armas.
En muchos aspectos, se ha esforzado para tratar de tranquilizar a un mundo ansioso. Ha prometido en repetidas ocasiones que busca la paz solamente. Ha gastado libremente en ayuda e inversiĂłn, ha resuelto disputas fronterizas con sus vecinos y ha apoyado las fuerzas de paz de las Naciones Unidas y organizaciones internacionales. Cuando Corea del Norte bombardeĂł una isla de Corea del Sur el mes pasado, China por lo menos tratĂł de crear un plan para frenar a su vecino.
En muchos aspectos, se ha esforzado para tratar de tranquilizar a un mundo ansioso. Ha prometido en repetidas ocasiones que busca la paz solamente. Ha gastado libremente en ayuda e inversiĂłn, ha resuelto disputas fronterizas con sus vecinos y ha apoyado las fuerzas de paz de las Naciones Unidas y organizaciones internacionales. Cuando Corea del Norte bombardeĂł una isla de Corea del Sur el mes pasado, China por lo menos tratĂł de crear un plan para frenar a su vecino.
La lecciĂłn de historia de los lĂderes chinos les ha enseñado que la relaciĂłn que determina si el mundo está en paz o en guerra es aquella entre un pareja de grandes potencias. A veces, como con Gran Bretaña y Estados Unidos, que les va bien. A veces, como entre Gran Bretaña y Alemania, que no es asĂ.
Hasta ahora, las cosas han ido muy bien entre Estados Unidos y China. Mientras que el paĂs asiático se ha dedicado al crecimiento econĂłmico, la seguridad de Estados Unidos se ha centrado en el terrorismo islámico y la guerra en Irak y Afganistán. Pero ambos desconfĂan entre sĂ. China ve a Estados Unidos como un poder menguante que finalmente tratará de bloquear su propio ascenso. Y Estados Unidos se preocupa por cĂłmo el nacionalismo chino, alimentado por el redescubierto poderĂo econĂłmico y militar, se expresará.
Los pesimistas creen que China y Estados Unidos están condenados a ser rivales. Las visiones de los paĂses de una buena sociedad son muy diferentes. Y, como el poder de China crece, tambiĂ©n lo hará su determinaciĂłn de salirse con la suya y hacer las cosas en el mundo. Estados Unidos, por el contrario, inevitablemente se resistirá a renunciar a su preeminencia.
Probablemente tienen razĂłn sobre las ambiciones de China. Sin embargo, China no tiene por quĂ© ser un enemigo. A diferencia de la UniĂłn SoviĂ©tica, ya no está en el negocio de exportar su ideologĂa. A diferencia de las potencias europeas del siglo 19, no está tratando de acumular nuevas colonias. Y China y Estados Unidos tienen mucho en comĂşn. Ambos se benefician de la globalizaciĂłn y de apertura de los mercados donde compran las materias primas y venden sus exportaciones. Ambos quieren un mundo prácticamente estable en el que las armas nucleares no se diseminan y estados indeseables, como Irán y Corea del Norte, tengan pocas oportunidades para provocar el caos. Ambos tendrĂan pĂ©rdidas incalculables con la guerra.
La mejor manera de convertir a China en un oponente es tratarlo como tal. El peligro es que las discusiones y peleas deterioran las relaciones entre China y Estados Unidos, al igual que la amistad entre Alemania y Gran Bretaña se derrumbó en las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial. Como ya está sucediendo en la defensa.
La historia demuestra que las superpotencias pueden coexistir pacĂficamente cuando el poder creciente cree que puede surgir sin obstáculos y el otro cree que la forma en que funciona el mundo no está fundamentalmente amenazado. AsĂ que una escalada militar debe ir acompañada por una acumulaciĂłn de confianza.
Hay muchas maneras de sembrar la confianza en Asia. Una de ellas serĂa ayudar a garantizar que las disputas y malentendidos no se salgan de control. China, por lo tanto, debe ser más abierta acerca de su doctrina militar, su postura nuclear y su programa de misiles.
Ambas potencias deben tratar de trabajar multilateralmente. En lugar de la confusa competencia actual, Asia necesita un Ăşnico foro de seguridad regional, como la Cumbre de Asia Oriental, donde se pueden hacer negocios. Los paĂses asiáticos tambiĂ©n podrĂan colaborar más en la seguridad no tradicional que aumenta la confianza, como la salud, protecciĂłn del medio ambiente, lucha contra la piraterĂa y el terrorismo, cuando estas amenazas crucen sus fronteras.
China y Estados Unidos tienen una ventaja sobre las parejas de grandes potencias de la historia: Vieron cómo el siglo 20 estuvo desastrosamente mal. Está en ellos asegurarse de que el 21 sea diferente.
Fuentes:
- The Economist
- Diario Expreso
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